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Categoría: Artículos
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Teresa Andreu.

Artículo editado por Cyclos (Informativo de la Asociación Astrológica de Catalunya). Nº 2. Setiembre/octubre de 1993.
En este tormentoso verano del 93 la vida me llevó a la maravillosa sierra de Aralar en Navarra, en la que el paisaje verde y frondoso te lleva a creer que los bosques llenos de enanitos y los rituales mágicos pueden ser, o quizás son, reales. En mi función de copiloto, tenía en mis manos todo el tiempo el mapa de la región, pero lo que el mapa no me decía, era la maravilla de aquel lugar, distinta a la de otros bosques, indicados más o menos, con los mismos símbolos orográficos.
Esta evidencia me llevó a reflexionar sobre el papel del astrólogo y su funció n al interpretar un mapa natal lleno de símbolos, iguales para todo el mundo y diferentes para cada ser humano.
En un mapa astrológico podemos ver, como en el mapa del territorio, los caminos personales. Si hay cumbres elevadas, carreteras casi inaccesibles, llenas de curvas, digámosle cuadraturas, lagos y ríos emocionales, pantanos que retienen el agua, así como las cavernas y abismos de cada uno. Pero lo que no podemos saber de ninguna manera es cómo se vivencia y habita esa tierra que otro ser humano nos muestra.
No estamos en el territorio ni podremos estar nunca en él. Nunca veremos la maravilla del paisaje de otro, aunque sepamos simbólicamente cómo es.
Delante de esta consideración, la función del astrólogo siento que se relativiza y se limita a explicar una serie de símbolos, de los que no sabemos, concretamente casi nada.
La vivencia nunca será la misma, ya que todos estamos condicionados por nuestro propio paisaje, por la proyección que hacemos de nuestra propia vivencia.
Ser astrólogo solamente es ser traductor de un lenguaje y como bien dice el refrán Traduttore, traditore. El traductor no es el escritor.
Un buen astrólogo es solamente la persona que sabe que su trabajo es siempre cuestionable y mejorable y que, por mucho que quiera, sólo tiene una verdad parcial, la que su propia evolución personal le da.
El astrólogo no puede acompañar al cliente a hacer su recorrido, solamente puede indicarle el mapa de lo que se va a encontrar, nunca podrá decirle cómo lo va a vivir, ni lo que va a sentir, y todo intento de aconsejar o dirigir puede ser estéril o incluso paralizador del proceso que otro necesita vivir.
El tema es difícilmente abordable, porque conocer el mapa del territorio del otro no es mucho, incluso reconocer el propio ya es bastante arduo, y todo sabemos que entender es, simplemente, una parte del proceso de adquirir conocimiento.
No basta con saber las cosas. Darse cuenta sólo es el primer paso del proceso personal. Es necesario también tomar tierra y trabajarlo, y justamente, esto es lo más difícil.
Desde ahí cualquier punto de orgullo o de prepotencia me parece absolutamente vano.
Sólo desde el trabajo personal del astrólogo, de recorrer una y otra vez su propio territorio, desde la humildad de entender que sólo ves algo parcial, creo que se puede trabajar en esta profesión.
Quizás en algún momento de la vida se puede tener una comprensión global del símbolo, si es que uno se lo merece, pero esto es puntual y a menudo, pasajero; igual que en las relaciones amorosas, en algún instante uno puede fundirse con el otro, pero sigue siendo uno mismo.
Los que queremos conocer el TODO no tenemos descanso, ya que lo que nos espera al otro lado de las esquinas de nuestra vida es absolutamente incierto, aunque sepamos simbólicamente cómo se traduce y, lo que es seguro, es que siempre habrá un rincón olvidado para limpiar.