Imprimir
Categoría: Artículos
Visto: 2738
Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 
Por Lena Petrossian.
Este artículo corresponde al capitulo 1 del libro "El retorno de los Astrólogos. Diagnóstico sociológico". Editorial Extemporáneos S.A. México DF. 1972.


Antes del nacimiento de la astrología, los astros desempeñaban un papel central en el mayor número de las civilizaciones. La organización social remedaba la organización cósmica, y los ritos religiosos aseguraban la armonía entre el hombre y el mundo. El orden cósmico era a la vez el modelo y la garantía del orden social; de ahí que todo trastorno en el curso habitual, eclipse o cometa, se interpretara como presagio catastrófico para la sociedad entera. Por otra parte, la regularidad de los propios fenómenos cósmicos estaba ligada a la observancia estricta de los ritos magico-religiosos.

Si el hombre ha deducido del cosmos reglas y esquemas de organización social, ha poblado inversamente la bóveda celeste de dioses a imagen suya, dedicando un culto privilegiado a los dioses luminarias, Sol y Luna. Los astros divinizados fueron así los reguladores del tiempo social y e la vida tanto profana como religiosa. Es el caso, sin embargo, que el nacimiento de la astrología estuvo ligado a los progresos realizados en la observación del movimiento de los astros: la astronomía y la astrología, la ciencia y la magia son, en efecto, indisociables.

La astrología aparece en diversas civilizaciones, en Caldea, en India, en la América precolombina. (...) Estos focos de desarrollo dispersos en el tiempo y el espacio confirman una vez más el carácter de elemento de civilización de la astrología.

Es la astrología caldea la que se encuentra en el origen de la astrología práctica en Occidente. (...) En sus orígenes sumerios-caldeos, la astrología se mezclaba estrechamente con la religión: los astrónomos-astrólogos eran sacerdotes escribas magos que ponían de manifiesto las correspondencias que unían el microcosmos terrestre y humano al macrocosmos cósmico. Apoyándose en la etimología o bien operando por aproximaciones, los sacerdotes astrólogos establecieron sistemáticamente listas de dichas correspondencias.

Los adivinos astrólogos constituían una casta poderosa y privilegiada: su saber, que se mantenía secreto, estaba reservado a los soberanos y los miembros de a aristocracia. No fue hasta después de la conquista de Alejandro (300 a.C.) que la astrología caldea se hizo mediterránea y se extendió por el mundo heleno y luego romano: de saber de iniciados, se vulgarizó, y de religiosa, se hizo "profana".

En el curso del período helenístico, la astrología se individualizó. Hasta allí, las predicciones astrológicas se referían esencialmente a los acontecimientos colectivos (guerras, inundaciones, sequías). En adelante la astrología iba a preocuparse asimismo del destino personal: se extendió progresivamente en el seno de las diversas clases sociales y se "democratizó" (...)

Y si la astrología parecía haber tocado así todas las capas de la población, no encontraba, con todo, una adhesión unánime. En efecto, por una parte, entraba en competencia con las prácticas adivinatorias oficiales y, por otra parte, sufría las primeras acometidas de la razón: Cicerón (siglo I a.C.), precedido por Carneades (siglo II a.C.), al plantear el problema de las catástrofes naturales que unen en una misma muerte a nativos de signos diferentes, pasan por ser los primeros adversarios científicos de la astrología. Finalmente, el dominio que ejercía la astrología sobre los espíritus cristianos suscitó la crítica de los Padres de la Iglesia.

La teoría de la astrología, se hizo más compleja y más precisa en su paso por el mundo grecorromano, adquiriendo casi todos los elementos de los que se sirve actualmente. Aunque asimilando creencias populares, la astrología se presentaba, con todo, como un sistema de contenido erudito. Algunos tratados como el Astronomicon, de Manilius (10 d.C.) o el Tetrabiblos, del matemático y astrónomo Ptolomeo (140 d.C.), fijaron definitivamente las reglas de constitución y de interpretación de los horóscopos individuales.

(...) La civilización islámica recogió, juntamente con la herencia del pensamiento griego, la de la astrología culta. Y esta astrología culta, perfeccionada por los árabes, volvió a través de España al pensamiento de la Edad Media occidental para integrarse en sus cosmologías.

No fue sino hasta el siglo XII que la astrología se implantó verdaderamente en Francia y en Europa. Existía ya una astrología popular ligada a creencias de carácter agrario y telúrico, y las astrologías culta y popular se desarrollaron pese a la hostilidad de la Iglesia, que rechazaba el determinismo astral. (...)

Desde la Edad Media hasta el siglo XVI, la creencia astrológica penetró en los medios más diversos. La difusión de una astrología popular se vio favorecida, a partir del siglo XV, por la publicación e almanaques rurales que mezclaban preceptos cristianos, consejos prácticos, previsiones astro meteorológicas y recetas mágicas.

Paralelamente a esta implantación rural y popular, la astrología se propagó entre la nobleza: al igual que los emperadores romanos, los reyes de Francia tuvieron sus astrólogos, quienes desempeñaron en ocasiones un papel político.

El Renacimiento, panteísta, confirió un nuevo impulso a la astrología. El redescubrimiento de las filosofías antiguas contribuyó a la visión armónica y simbólica del mundo, de la que la astrología culta era una de las expresiones. El retorno a la cosmología, a las filosofías de la naturaleza, en oposición a la escolástica medieval, reavivó la gran idea que une al hombre (microcosmo) al mundo (macrocosmo).

Los descubrimientos de los astrónomos de fines de la Edad Media y del Renacimiento habían sustituido el sistema geocéntrico de Ptolomeo por el sistema heliocéntrico. El nacimiento de una astronomía moderna, coincide con el renacimiento de la astrología; en efecto, los propios astrónomos modernos: Copernico (1473-1543) y Kepler (1571-1630), practicaban la astrología. (...)

En 1659 murió Morin de Villefranche, profesor de matemáticas en el colegio de Francia, siendo el último astrólogo de estado. El endurecimiento del catolicismo por un lado, y la ofensiva racionalista contra la magia y el progreso del método positivo, por otro, iban a conjugarse, a fines del siglo XVII, para rechazar la astrología fuera del mundo cuto y religioso.

En 1666, Colbert funda la Academia de Ciencias y prohíbe a los astrónomos practicar la astrología. (...)

Despreciada cada vez más en los medios eruditos o cultos, la astrología pasa en adelante al mundo subterráneo de las ciencias ocultas.

Así pues, la astrología se integra, en un ocultismo generalizado. En el siglo XX habrá de inscribirse en perspectivas modernas. En Francia, Choisnard (1867-1930) preconiza la constitución de una astrología científica despojada de todo ocultismo y se dedica a demostrar la relación entre el hombre y el cielo de su nacimiento con auxilio de la estadística y del cálculo de probabilidades.

A principios del siglo XX las asociaciones se multiplican (Societé d'Astrologie, 1906; Societé astrologique, 1909; Centre d'Etudes astrologiques de Paris, 1926, etc.), lo mismo que los congresos y las revistas, poniendo de manifiesto a la vez el éxito de la astrología y la importancia e las divergencias entre los astrólogos.