¡Bienvenido a Gente de Astrología-GeA!

Hemos actualizando el sitio para mejorar su experiencia y le resulte más divertida en cada visita que nos haga. Algo fundamental es que hemos migrado toda la información que teníamos en el sistema anterior. Su usuaria/o y contraseña se mantienen así que conectarse no debe ser difícil. Encontrará que los foros y las descargas se encuentran a pleno. Seguimos trabajando para actualizar nuestras publicaciones a un formato actual. Además dispone de unas completas bases de datos con coordenadas de ciudades del mundo y cambios de hora.

Lo más importante del nuevo sistema es que puede acceder a los distintos sitios (además del presente la librería, los cursos y el blog de Silvia Ceres) con un/a única/o usuaria/o. En la parte inferior de la página dispone de enlaces a los demás sitios.

En la actualidad estamos trabajando para ofrecerle a nuestros visitantes la posibilidad de contar con un sistema de cálculo. Ya hemos habilitado la opciones de carta natal, progresiones, revolución solar y tránsitos. Además se dispone de efemérides, calendario lunar (ambos para el mes en curso) y la situación del cielo ahora mismo.

Como siempre estamos trabajando para ofrecerle el mejor sitio del mundo astrológico... esperamos que lo disfrute y muchas gracias por su visita.

Saludos, Adrián Argüelles (Administrador).

   
Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

José Luis S. de Pablos - Memorias del XVIII CONGRESO IBERICO DE ASTROLOGIA - MADRID 2001

 

Júpiter podría explicar la existencia de un quinto elemento, la madera del sistema simbológico chino, que se genera a partir de los otros cuatro

 

 

Al intentar definir la naturaleza elementaria de los arquetipos planetarios, uno de los mayores problemas lo plantea Júpiter. Pues, si bien muchos astrólogos (¡aunque no todos!) están de acuerdo con las correlaciones siguientes:

Sol y Marte Fuego
Saturno Tierra
Mercurio y Urano Aire
(Luna) (1) y Neptuno Agua

Permanece una duda muy extendida acerca de cuál de los cuatro elementos conecta con Júpiter... ¿El Fuego, elemento de Sagitario, por la analogía del planeta con el Sol? ¿El Agua, elemento eminentemente afectivo, de cuya naturaleza participa Piscis, por la resonancia del astro con la cualidad de la compasión? ¿O acaso el Aire, dado el dominio que ejercía Zeus sobre los fenómenos atmosféricos más impresionantes? & iquest;Y por qué no la Tierra, teniendo en cuenta la buena suerte, incluso material, que Júpiter tiene reputación de aportar a sus nativos, y el típico aspecto orondo de los jupiterianos?

La correlación propuesta por Kepler entre el penúltimo espacio interorbital conocido en su tiempo (el existente entre Marte y Júpiter) y el Tetraedro (el poliedro regular más sencillo, que Platón pone en relación con el Fuego) no contribuye gran cosa a aclarar la cuestión, desde el momento que no tiene en cuenta la órbita del cinturón clásico de asteroides, la quinta prevista por la ley de Bode, cuya existencia Kepler desconocía

Fue, en mi opinión, el ingeniero y astrólogo francés Dom Néroman quien suministró la respuesta más verosímil y también más profunda al problema planteado. En su libro La Leçon de Platon, publicado hace casi sesenta años, leemos lo siguiente:

El Dodecaedro, poliedro del plasma viviente.- (... ) En el Timeo se habla de cuatro elementos y del "Todo" que es evidentemente su síntesis. La geometría nos ofrece un quinto poliedro [regular] bien conocido, pero que en el Timeo no se hace intervenir. Sugerimos simplemente considerar la síntesis de los cuatro elementos, que es la materia orgánica -la materia apropiada para la encarnación del Espíritu- como el "quinto elemento"; es lo mismo que hace el simbolismo chino al admitir cinco elementos: Fuego, Aire*, Agua, Tierra y Madera, siendo esta última la materia orgánica. Por otra parte los chinos atribuyen la Madera a Jú piter, que es justamente el planeta de la encarnación. Admitido este quinto elemento, nada más natural que atribuirle el quinto poliedro, a saber el Dodecaedro (2).

Mi acuerdo con este autor es completo. Pienso, como él -y en consonancia igualmente con la tradición extremo-oriental a la que se refiere- que Júpiter gobierna ese auténtico quinto estado de la materia que se puede identificar con la vida orgánica. Para decirlo de una manera puesta al día, el arquetipo-planeta Júpiter representa la tendencia a la integración espontánea de los "sistemas" en niveles organizativos superiores. Es decir, esa tendencia asociativa que se revela como una de las principales características de lo viviente, una tendencia en virtud de la cual los "individuos" (no sólo humanos) dejan de ser auto-referenciales absolutos en favor de "algo más", que está por encima de ellos.... llámese organismo pluricelular (desde el punto de vista de las células individuales), comunidad (desde el punto de vista de los sujetos humanos), nivel supraestatal (desde el punto de vista de los estados-nación) o ecología terrestre (desde el punto de vista de cada ser vivo individual, o incluso de cada especie). Y por el hecho de regir esa tendencia integradora, Júpiter gobierna también la anti-entrópica materia viva -carne, hoja o tallo- que se niega a permanecer inmutable y a degradarse en tanto que conserva su condición esencial, y que en eso se diferencia radicalmente de los "sólidos", "líquidos" y "gases", sin ser por ello tampoco una pura "radiación energética". Júpiter tiene entonces que estar relacionado con la quintaesencia, con ese "quinto elemento" que no es sino la especialísima dinámica de la vida. El cual es, por cierto, el mismo quinto elemento de¡ esquema chino, la Madera o materia de¡ bosque (recordemos que "bosque", en idiomas como el francés y el inglés, comparte término con "madera": bois, wood), es decir, la sustancia de Gaia. Y de los arquetípicos poliedros regulares, Júpiter tiene que estar relacionado, en efecto, con el Dodecaedro, el "más avanzado de los cinco" por estar sus caras constituidas por los polígonos de mayor orden numérico (pentágonos regulares), al cual Platón deja sin correlacionar cuando establece la correspondencia entre los poliedros regulares y los cuatro elementos tradicionales (3), por más que poco antes le hubiese proclamado la figura que describe al universo (se entiende al universo - ser viviente que gobierna Zeus, no al universo mecánico, es decir, muerto).

Sin embargo, es preciso subrayar que el "poliedro sin complementario" no es el Dodecaedro sino el Tetraedro que es el único de los cinco que tiene la propiedad de que el truncamiento progresivo de sus vértices le reproduce. En cambio, el truncamiento de los vértices de un Dodecaedro no acaba originando otro poliedro semejante, sino que da como resultado un lcosaedro. Ahora bien, este es el poliedro regular que en el Timeo se conecta inequívocamente con el elemento Agua. El mensaje no puede ser, pues, más claro: la vida está estrechamente vinculada al Agua, tanto a nivel físico como psíquico y simbólico. No puede haber vida sin sentimiento fusional, sin alguna forma -por elemental que sea- de amor. Es por ello por lo que Júpiter (el Señor de lo Viviente) "convoca" a sus amantes, que se focalizan sobre los cuatro planetas - satélites que constituyen los principales elementos perif& eacute;ricos de su sistema; y que, lógicamente, tienen que estar simbolizados conjuntamente por el acuoso lcosaedro, el poliedro complementario del Dodecaedro.

Por lo tanto, el sistema Zeus en su globalidad estaría representado por un Dodecaedro (correspondiente al planeta Júpiter mismo) sobre cada uno de cuyos veinte vértices se apoya una de las veinte caras de un lcosaedro que refleja el "halo de amantes" del dios-arquetipo, halo identificado con el sistema planetario jupiteriano. Tal geometría simbólica proclama que la vida (Dodecaedro) y el elemento Agua (Icosaedro) son aspectos inseparables.

Esta esencial complementariedad no excluye el hecho de que el Dodecaedro -elevación a la tercera dimensión del pentágono y de la estrella de cinco puntas, y espejo de la vida en evolución- suponga, como recuerda Dom Néroman, la culminación de los cuatro elementos clásicos, a los que solamente el despliegue de la consciencia a través de la escala ontológica de los organismos da verdadero sentido. Pues en el hermoso Dodecaedro refulge ciertamente el Sendero de la Vida, el Zodiaco, presente en las doce caras pentagonales, que inscriben -todas ellas- el símbolo fundamental de la vida y del ser humano: la estrella de cinco puntas.

Reflejando la necesidad -física y simbólica- que, para surgir y perdurar, tiene la vida de los cuatro elementos, cuatro son los grandes satélites de Júpiter. En consecuencia, la vinculación de cada uno de ellos con un elemento, y por consiguiente, con un poliedro regular con caras de orden inferior al pentagonal, se impone de inmediato. Propongo la siguiente correlación:

lo, Fuego (Tetraedro). Un mundo hipervolcánico en cuya superficie fluye por todas partes ardiente lava, y que genera plasma iónico, consagrado a una amante de Zeus "marcianamente" agredida por la celosa Hera. Durante su metamorfosis, lo despliega una energía increíble (de nuevo, Marte) en su afán por escapar al implacable aguijón, recorriendo enormes distancias hasta llegar finalmente a un país (Egipto) con una religión mística, donde recupera su humana condición, es exaltada a una dimensión divina, y encuentra la paz (¡una aventura típicamente sagitariana!).

Europa, Agua (lcosaedro). Existe al parecer, recubriendo todo el satélite, un océano protegido por una costra glacial que hace de cáscara protectora a la vez que de pantalla de ocultación (rasgos éstos que evocan a más no poder los tres signos de Agua: Cáncer, Fscorpio y Piscis). Además, Zeus raptó a Europa a la orilla del mar, y la llevó, sobre las olas, a una isla, para allí amarla. La fertilidad (Cáncer y elemento Agua) de la joven debía ser considerable, ya que concibió tres hijos. Paralelamente, en el segundo satélite de Júpiter se sospecha la existencia de formas de vida.

Ganímedes, Aire (Octaedro). El aspecto general de este satélite-planeta, con áreas nítidamente contrastadas de dos colores distintos, evoca dualidad y comparación, en la tónica esencial de¡ elemento Aire (realidad - concepto, cosa - palabra, vivencia - comunicación, dos interlocutores, etc.). Además, la desarrollada magnetósfera de Ganímedes se correlaciona con el signo de Acuario. Por otra parte, Ganímedes -mercurial adolescente raptado por un ave, que resuena con el uraniano signo de Acuario- provoca en Zeus una atípica atracción homosexual.

Calisto, Tierra (Cubo). El último satélite - planeta del sistema Zeus marca un "límite saturniano", tanto más acusado cuanto que Calisto carece por completo de dinámica interna y es un cuerpo frío y cristalizado, de color os- curo. Recordemos que la virginal ninfa Calisto (Virgo) no deseaba a varón alguno, incluido el mismo Júpiter. El triángulo de Tierra se completa si consideramos la táurica vinculación de Diana y sus acompañantes a la naturaleza; en cuanto al oso, siempre ha sido considerado como un animal ligado al elemento Tierra.

Dada la correlación - acorde con la lógica simbólica que acaba de ser expuesta- del conjunto de los galileanos con el elemento Agua y con el Icosaedro, el satélite que, de los cuatro, corresponde a ese mismo elemento y poliedro, es automáticamente "privilegiado".

 

Eso es lo que sucede con Europa, cuyo nombre evoca una significativa región de la Tierra, la misma, al fin y al cabo, que fue la cuna de¡ complejo mítico que enmarca al propio satélite. Pienso que la coincidencia del Agua -lcosaedro de Europa con el Agua - lcosaedro del conjunto de los saté lites-amantes (complemento del vital "quinto elemento" que queda directamente asociado a Júpiter) constituye un fuerte indicio simbólico favorable a la posibilidad de que efectivamente prolifere algún tipo de vida en el océano subglaciar del segundo planeta del sistema jupiteriano. Es realmente curioso que el escritor Arthur Clarke expresara esta misma intuición referente al satélite Europa, en su novela 2.010, continuación de la celebérrima 2.001, una odisea del espacio.

El "sistema Zeus", símbolo del despliegue de la vida

Cabe señalar que así como el "sistema Gaia" (Tierra-Luna) refleja el átomo más elemental de todos, el de hidrógeno (protón-electr& oacute;n), el "sistema Zeus" resuena con el átomo de carbono, elemento básico de la vida orgánica, con cuatro electrones externos de valencia. Esta analogía vuelve a evocar el quinto elemento de la tradición china, la Madera, sustancia que se carboniza fácilmente.

Y es que por mucho que la vida nazca en el seno del sistema Gaia, su crecimiento y el consiguiente aumento de su complejidad tienen más que ver con el sistema Zeus, referencias astro- lógico tanto de la expansión del mundo viviente como de la integración de cada entidad - biológica y psíquica- en sistemas más vastos, que la sobrepasan sin anular, por ello, su individual¡dad (4). De hecho, el arquetipo jupiteriano puede considerarse como un antídoto contra los excesos tanto del individualismo puro y duro como del colectivismo homogeneizante. El filó sofo Raimon Panikkar llama ontonomía a un peculiar modo de relación de la parte con el todo que, según nuestro punto de vista, es el mismo que favorece el sistema Zeus. Dice Panikkar:

Tanto en política, economía, ciencia, metafísica y religión como en la vida misma, este concepto [el de ontonomía] me parece esencial. No privilegia ni la independencia, separada y desconectada, de las esferas particulares (autonomía) ni la hegemonía de lo que solemos llamar "las esferas superiores" sobre las más débiles o inferiores (heteronomía), sino más bien su relación mutua, su relatividad radical Pues, dado que la realidad última muestra una polaridad que no es dualista, lo mejor para cada esfera particular del ser consiste en su integración armoniosa en el todo (ontonomía) (5).

r

La vida en sí es pura dinámica auto - sustentadora y auto-creativa, en expansión tanto "horizontal" (crecimiento, reproducción) como "vertical" (hacia niveles superiores de integración), que hace posible la manifestación del Ser como consciencia. Surge de -y en todo caso, implica- la interacción de los cuatro elementos de la tradición presocrática y de la alquimia, vueltos inteligibles para el hombre moderno por Jung y la astropsicología. Paralelamente, el sistema joviano refleja la complejidad de lo viviente, desde el momento que es un verdadero sistema (más, por tanto, que un planeta aislado o que varios planetas en conjunción) y que en él se detecta la presencia efectiva, física y simbólica, de los cuatro elementos. Veamos de qué forma:

El Fuego está presente, de entrada, en la apreciable capacidad radiante de Júpiter. Se halla, por otra parte, en correspondencia con el primer planeta-satélite de su sistema, lo; y se percibe igualmente en el plasma iónico que este activísimo cuerpo va dejando a lo largo de su órbita.

Al emitir Júpiter radiación electromagnética, es lógico que gobierne un signo de Fuego como el de Sagitario.

La explicación del modo como el elemento Agua está presente en el sistema Zeus exige algunas aclaraciones previas. En la correlación, que he defendido en otra parte (6), entre las cuatro fuerzas fundamentales de la física y los cuatro elementos, la gravitación correspondería al Agua. Pues bien, quizá el dato más sorprendente del sistema que centra Júpiter sea el modo como se calientan sus planetas - satélites. No es por la radiación que reciben del Sol (demasiado lejano) ni de Júpiter (demasiado poco intensa), sino que el sistema joviano en conjunto, por así decir holísticamente, induce internamente en tres de los cuatro galileanos la energía calorífica de que disponen.

El mecanismo liberador de esta energía no es otro que el fenómeno de las mareas telúricas, debidas a la atracción gravitacional combinada de Júpiter y el resto de los galileanos sobre cada uno de ellos. Es, pues, la gran cantidad de calor que las mareas gravitacionales generan en sus entrañas, lo que le hace a lo vomitar lava por cientos de volcanes activos; y es la misma energía, fluyendo esta vez con moderación, la que mantiene líquida la capa de agua que existe, al parecer, bajo los hielos de Europa, y la que permite que se

 

formen embolsamientos del líquido elemento en el subsuelo de Ganímedes. Es, en efecto, la gravitación (la fuerza física del elemento Agua) la que genera la energía con que cuentan los satélites de Júpiter. Y la hace brotar, además, desde el interior de cada uno de ellos, por inducción... No es una energía que llegue "de fuera", como los rayos solares que inciden sobre la Tierra. Este rasgo del sistema joviano, recientemente descubierto, basta para justificar la segunda regencia de Júpiter sobre uno de los tres signos de Agua, a la sazón Piscis.

El elemento Aire se refleja nítidamente en la naturaleza física del globo de Júpiter, "gigante gaseoso", y en la dinárnica asombrosa de su atmósfera. En la cuaternidad que forman los satélites galileanos, el Aire corresponde a Ganímedes, que cuenta con un espectacular campo magnético, y cuya leyenda mitológico se proyecta sobre Acuario (Aire Fijo, en el Zodiaco).

Júpiter centra una estructura sumamente organizada que no deja de tener un aspecto "estático", y ello no sólo contando con la regularidad con que están dispuestas las órbitas de los cuatro galileanos (recordemos, de paso, que el número cuatro, el cuadrado y la cruz simbolizan la caída en la materia) sino también con el delgado anillo "saturniano" que rodea a Júpiter, y con los dos enjambres de asteroides Troyanos, emplazados regularmente, como los átomos en un cristal. Todo esto resuena con el elemento Tierra. Éste corresponde, por lo demás, al cuarto satélite - planeta, Calisto, según hemos visto.

Definitivamente, el sistema de Júpiter aparece como una realidad sistémica coherente, y ello desde tres puntos de vista: estructural, energético e "informacional" o simbólico.

Notas y referencias

* La tradición china sustituye el Aire por el Metal o el Hierro, pero todo indica que se trata de la misma esencia arquetípica.

1 La Luna va entre paréntesis dado que, según nuestra concepción, no es un planeta del nivel solar como los demás, sino que forma con la Tierra el primer sistema astronómico y simbólico (el sistema Gaia) de una cadena a través de la cual el ser humano se integra en el universo como totalidad.

2 Dom Néroman, La Leçon de Platon, Niclaus, P 1943, p. 355 (330).

3 Platón, Timeo, 55-56, Editorial Gredos, Madrid

4 Si el origen y gestación de la vida, física y psíquica está simbolizado por el sistema Gaia, y si su expansión sólo es posible contando con el sistema Zeus, entonces parece lógico que Júpiter est& eacute; exaltada el signo zodiacal de la Gran Madre, el de Cáncer.

5 R. Panikkar, "La philosophie en tant que style de vie" en Phiiosophes critiques d''''eux-mémes, Mercier y M. Svilar (dir.), Peter Lang, Berna, 1978. 6 J.L. San Miguel de Pablos, Géométrie de la conscience, Rocher, Mónaco, 1997

   

Login  

   

Enlaces Redes  

Comparte Esto

Síguenos

   
   

Visitantes  

6.png8.png2.png4.png0.png8.png5.png
Hoy1
Ayer786
Ultima semana1526
Ultimo mes15376
Desde 04/19976824085

Sus datos de conexión

  • IP: 54.174.51.80
  • Navegador: Unknown
  • Versión:
  • Sistema Operativo: Unknown

En línea Ahora

2
en línea

Miércoles, 26 Junio 2019 00:02
   
© Gente de Astrología-GeA/Abulafia