Defensa e Ilustración de la Astrología. Andre Barbault. Editorial Iberia, S.A. Barcelona, España. 1965. Página 71 y siguientes. El principio de la Astrología se expresa, desde sus orígenes, en el viejo texto hermético de la Tabla de Esmeralda: "Lo que hay arriba es como lo que hay abajo..."
Este texto fue continuado, desarrollado e interpretado por el filósofo Plotino en su cuarta Enéada. Según este gran teórico de la astrología, la acción de los astros no es ni la de una fuerza natural ni mucho menos la de una voluntad. Para comprender su tipo de acción hay que saber primeramente que el mundo es (como) un ser
viviente dotado de un alma única. Esta cosmología vitalista que deriva del Timeo, aunque no sin numerosas correcciones estoicas, da el principio de la solución. Dentro de un ser vivo, la acción de una parte sobre la otra no depende de su mayor o menos proximidad, sino de sus similitudes; todas las partes semejantes, por lejos que estén entre sí, responden naturalmente a una misma influencia, que se propaga de una a otra: "Cosas parecidas que no están juntas, sino separadas por un intervalo, simpatizan en virtud de su similitud. Sin estar en contacto, las cosas actúan y tienen necesariamente una acción a distancia. Puesto que el universo es un animal dotado de unidad, no hay parte de él que esté tan alejada que no le resulte cercana, a causa de la simpatía que existe entre todas las partes de un animal único. Cuando el receptor es semejante al agente, sufre una influencia que no es extraña a su naturaleza; cuando no se le parece, la pasión que sufre le es extraña, no está predispuesto a
sufrirla". Además: "ningún ser puede vivir como si estuviera solo; puesto que es una parte (del universo), no termina en si mismo, sino en el todo del que forma parte". Así ninguna parte puede comportarse como si estuviera aislada, sino únicamente según el papel que tiene dentro e la vida total del universo, la cual no debe hallar ningún obstáculo en la pretensión de cada una de sus partes. Esta primera imagen vitalista se completa por otra de intención algo diferente, destinada a mostrar la naturaleza de la correspondencia entre los estados de las diversas partes del universo. La primer imagen afirmaba: acción simpática; la segunda dice: correspondencia armónica: correspondencia análoga a la que, en cada momento de una danza, hace que cada miembro corresponda y se ordene a los demás; no hay acción de una de las partes sobre las otras; sólo las une la intención global del bailarín, que se realiza de un modo total, sin que quiera separadamente cada uno de sus gestos. Al ver
corresponderse unos a otros los detalles de este conjunto, podemos tomar la existencia de uno de ellos como signo de la existencia del otro, sin que por ello exista entre ellos la menor influencia mecánica o física. Así también las figuras de los astros no son otra cosa que actitudes de ciertas partes del animal universo, y a estas actitudes corresponden, según una regla necesaria, las de otras partes. Esta doctrina tradicional hace del hombre un pequeño mundo o microsmos, semejante al gran mundo o macrocosmos. La misma vida circula del uno al otro, perteneciendo las fuerzas humanas a las fuerzas naturales que actúan en el universo. El cosmos es una especie de ser inmenso, la totalidad de cuyas partes están en conexión, sometidas a las mismas leyes de organización y funcionando de manera análoga. En este conjunto de leyes universales, la energía que anima los cuerpos celestes es de la misma naturaleza que la que anima a los hombres, y la naturaleza obra de modo análogo sobre todos
los planos de la vida. Esta teoría hermética adquiere toda su significación en nuestro siglo, al comprobarse analogías entre el mundo infinitamente pequeño del átomo y el infinitamente grande astronómico, como si las mismas leyes de organización rigieran en todos los eslabones de la naturaleza. Los electrones forman sistemas atómicos, los átomos forman moléculas; las células orgánicas forman los órganos, y éstos los organismos completos. La vida se edifica de unidad en unidad, de lo pequeño a lo grande, de lo sencillo a lo complejo, siguiendo un proceso análogo, en el que de escalón en escalón todo se comprende, y en el que por consiguiente, si se saben leer los signos que propone un escalón pueden descifrarse al mismo tiempo los signos de todos. La analogía rige incluso para el psiquismo de cada individuo, formando su carácter, determinando sus ensueños, dirigiendo sus acciones y reacciones. Es más, la célula viva, unidad básica del hombre, contiene todos los cuerpos
simples del universo y está animada de todas las formas de energía que existen en la naturaleza: cinética, térmica, eléctrica, magnética, radioactiva. A mitad del camino entre el átomo y el sistema solar, dentro de esta cascada de mundos, el hombre participa de los ritmos de la vida universal, y la materia fundamental en la que están sumergidas las galaxias, une el universo entero como un organismo vivo y único.
