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Por Gabriel Gutiérrez (España) Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Además de arquetipo y protagonista de leyenda mitológica, Quirón es un asteroide de nuestro sistema solar cuyo ciclo se completa en torno a los 50 años. Su órbita, inusualmente excéntrica, hace que su ámbito esté situado entre Saturno y Urano, en unos tramos, y entre Saturno y Júpiter, en otros. De este modo, la relación de distancia entre Quirón y nosotros difiere según su situación. Resulta curioso constatar la coincidencia entre su descubrimiento en 1977 y el despunte, a partir de ese momento, del Coaching en Estados Unidos. Además, durante ese año, la OMS reconoció el potencial terapéutico de las Flores de Bach. Toda una señal digna de tenerse en cuenta para quien le guste establecer relaciones. También resulta curiosa la coincidencia entre el mayor acercamiento relativo de Quirón a la Tierra -sucedido durante los años centrales de la década de los 90- y la eclosión del Coaching en Europa.
Su condición de asteroide ya indica que su presencia no puede ser vista con la evidencia con que se nos muestra la Luna, el Sol, Marte, Venus o Júpiter. A Quirón hay que descubrirlo sorteando otras luces y otros ruidos, acaso demasiado obvios, que nos ciegan y ensordecen ante su pequeñez.

El proceso al que llamamos Coaching es una de las encarnaciones del arquetipo del que estamos hablando. El Coaching germina en el ámbito del deporte como consecuencia de una percepción que toma al deportista no como alguien que sólo se cultiva física y técnicamente, sino que, también, lo hace mental y psicológicamente. El Coaching surge, pues, para los atletas al constatar que éstos llegaban y se mantenían en un buen nivel de excelencia como consecuencia de un entrenamiento integral que tanta importancia daba a las habilidades físicas como a las emocionales. De ello se deduce que el cuidado de éstas no puede provenir sino de un entrenador que previamente ha comprobado en si mismo lo que puede haber supuesto para él el descuido de este factor. Así, pues, la extrapolación del Coaching del ámbito deportivo al personal y al organizativo es la consecuencia de esta constatación.

Desde esta perspectiva, toda persona es un atleta en ese estadio al que llamamos vida. Cada uno de nosotros desea llegar a la satisfacción y a la excelencia y, directa o indirectamente, inspirar a otras personas en esa misma dirección. Sin embargo, en el interior de nosotros, además de estas intenciones, conviven otros factores inconscientes que pueden debilitarnos o desorientarnos impidiendo o bloqueando que muchas de nuestras acciones no generen el fruto que esperábamos. Así, pues, el proceso de Coaching nos lleva a descubrir el Quirón interior, el maestro que nos ayuda a transformar la debilidad y la duda en virtud y fortaleza.

Quirón es un Coach, el primer Coach. Él y sus pupilos contribuyen a dar forma y sentido al arquetipo. Siguiendo lo dicho por Joseph Campbell, en el sentido de que el mito vive entre nosotros y se manifiesta en la vida corriente de muchas maneras, nos resultará de interés encontrar reflejos del Quirón-Coach en escenas que nos resultarán muy familiares. Puede ser Coach un padre o una madre con sus hijos; un cura, con sus feligreses; un profesor, con sus alumnos; un jardinero, con su jardín; un novelista, con sus personajes; un director de orquesta, con sus músicos; un director de teatro, con los actores; los actores, a su vez, con el público; un amigo, con sus amigos; etc... Incluso en encuentros fortuitos podemos vernos haciendo funciones de Coach o de Coachee alternativamente a poco que pongamos tiempo y ganas en escucharnos los unos a los otros. Tú mismo/a puedes estar ejerciendo de Coach, siempre y cuando priorices el potencial de tu interlocutor orillando cualquier juicio o pensamiento referido a lo que harías tú en su lugar. Saber captar el potencial de otra persona y ayudar a que ella misma se haga consciente de ello y lo valore y aplique, es una de las cláusulas de ese proceso al que llamamos Coaching. Hay personas que esto lo hacen naturalmente y, por el contrario, hay quien debe ponerse concienzudamente en ello porque va con lo suyo por delante. Una persona que diga a otra lo que debe hacer, pasando por alto que ésta puede estar en posesión del potencial para saberlo por si misma a poco que se la estimule, denota una falta de confianza en los demás. En un mundo de ruido y prisas, la función natural de Coach que todos tenemos puede haber quedado silenciada. Sin embargo, como digo, todos la tenemos. Es cuestión de dedicarle la atención que merece. Nuestro Quirón interior, oculto entre un cosmos de arquetipos más obvios, nos pide algo fundamental… y tú ya sabes qué es.

Cierro este apunte recordando la pedagogía de Rudolf Steiner, que sostiene que a un niño no se le debería educar formalmente si no es una vez que empieza a manifestar su inclinación natural perceptible en los juegos en los que participa. Para ello, los padres debieran cuestionar si la educación que quieren para sus hijos y las habilidades que quieren que éstos desarrollen no sea otra cosa que lo que hubieran querido para si mismos, lo cual puede llevar a anular una percepción justa de los potenciales que la niñez tan ricamente expresa. Para llegar a ensanchar esta percepción deberíamos darnos cuenta del sistema tan invasivo en el que vivimos, que educa a los niños según estándares y moldes… Curiosamente acabo de leer una entrevista (Cuerpomente num. 190) al especialista en Medicina Tradicional China, Daniel Mené, quien dice lo siguiente: “En China, durante la dictadura comunista la medicina occidental se consideró la oficial, porque para ella todos los hombres son iguales. A una misma enfermedad el mismo tratamiento y para todo el mundo. La acupuntura, una medicina para la cual cada paciente es diferente, se consideró una medicina burguesa.”
   

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