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Categoría: Artículos
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Mercé Adrové.

Editada por Cyclos (Informativo de la Asociación de Astrología de Catalunya), Nº 7 (primavera/verano 1995).

La Astrología es un sistema de símbolos, un gráfico simbólico de la realidad...un mandala. Cada símbolo del sistema -signo, planeta, aspecto, casa- posee un significado en sí mismo y también en relación con los demás. Un completo entramado de interrelaciones y conexiones que es posible interpretar: se trata de acceder al lenguaje secreto de los símbolos.

Un mandala es un principio estructural metafísico. Cada carta natal es el mandala de una vida individual inscrita en su entorno -lo social, el mundo- y ello nos conduce directamente a un proceso de individuación. Es una fórmula particularmente asumible de integrar el propio potencial. Es el camino hacia ser uno Mismo. Es realizarse como un Todo coherente en acción.

Respecto a los signos del Zodiaco, resulta interesante subrayar que sus cualidades operan en un ritmo bipolar, generando un flujo constante y dinámico de energía, por lo cual deberán ser siempre expresados por números pares, permitiendo así la reconciliación de los opuestos complementarios, y alcanzando de ese modo una visión más sintética y holística de cada uno de los seis ejes del Zodiaco (sus doce signos tradicionales). Por ejemplo, el tercer eje (Géminis-Sagitario), eje del Pensamiento: ¿se definiría como concreto, lógico, racional (Géminis)? ¿o bien como abstracto e intuitivo (Sagitario?) Desde luego, ambas cualidades polares, deberían ser asimiladas e incluidas, es decir, armonizadas e integradas para lograr desplegar el potencial mental de forma eficiente y creativa.

Resumiendo, el ritmo bipolar de los signos zodiacales es una realidad irrefutable, un principio de evolución y orden ineludible, una estructura mandálica esencial correcta y perfecta en sí misma.

Convenir que en Astrología se trabaje con sólo los doce signos zodiacales no es en absoluto un hecho aleatorio ni eventual. Los astrólogos precisan unicamente de los doce signos tradicionales por razones importantes que es posible averiguar: esotéricamente el número doce representa la totalidad psíquica, un ciclo completo y acabado. Según apunta Juan G. Atienza sobre el número doce: “La base duodecimal es utilizada para las mediciones y divisiones de las magnitudes que afectan a las estructuras circulares y cíclicas, así como consecuentemente a las temporales. Es la base numérica de la circunferencia. Además de ser un número especialmente flexible a las fracciones. Es divisible por dos, por tres, por cuatro y por seis...”

El Número es el primer principio organizador que conforma la estructura del universo. La vida está ya en su propio origen regida por relaciones numéricas bien definidas. Como afirmó Pitágoras: “todo está arreglado según el número”. En este punto hay, sin duda, un vasto terreno por explorar, una aproximación a la vez cuantitativa y cualitativa de la realidad numérica a la que pertenecemos y en la que existimos.

Bibliografía:

El lenguaje secreto de los símbolos. David Fontana. Círculo de lectores /DEBATE, Barcelona 1993.

Guía de la nueva conciencia. Juan G. Atienza. Ediciones Obelisco, Barcelona, 1988.